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lunes, 6 de julio de 2009

dinamita

Lo único que se ocupa para dar una conferencia, es haber vivido un rato, haber leído más de un ciento de libros, y tener a la mano, por lo menos, una docena de reflexiones cual ramillete de rosas.
Lo único que se necesita para regarla, es ser un poco agua, otro poco llanto, y estar frente a un desértico panorama.
Lo más importante para implementar una curación es ser un ente de confianza, tener presente y de frente una buena energía (si andas de cabeza, desiste por un rato), y hablar con toda honestidad, aunque en este punto nos remitan al punto número dos de este estúpido manual.
Lo mejor que puedes hacer para no estallar, es asumirte como mezcla explosiva en un ambiente propicio para ello, y flamable; luego de esto, puedes tirar el manual, crear el tuyo propio, o moverte por completo sin manual, sonreír y dilapidar tu miedo a ser agua, a ser fuego, a ser un ente inadecuado para la tarea a realizar.
Si siempre has sido una especie de funámbulo orquestando posibilidades versus contraindicaciones, por favor, donde quiera que te encuentres, a donde quiera que vayas, cual fuere lo que haces y dejas de hacer, no ceses, no te rindas, yo te acompaño.
Cabalgo sobre un caballo desconocido y veloz, con desbocada voluntad de llegar a no me queda claro a dónde, y no me canso, a pesar de que la riego, la lloro, la padezco, la gozo, la aprendo, la niego, la disgusto, la taño, y la canto, cada mañana, ahí estoy, en un lugar al que siento, no pertenezco, y sin embargo, piso, cada mañana, con absoluta certeza de que algo, algo puedo hacer por responsabilizarme de un foro amplio y estrecho al mismo tiempo.
Estaré la pendiente por no dejar rastros punzantes de un estallido florido, www.rtv.org.mx de lunes a viernes, de 9:30 a 11:00 de la mañana, hora del centro de México, Mujeres hechas en casa, un programa de revista, bien hecho, bien planeado, bien bonito, de no ser por mí, dinamita en adjetivos del verbo sustantivizado, la incompatible.
... hasta que nos dure el gusto o se extermine la paciencia de mi productora.

miércoles, 24 de junio de 2009

Ésta todavía menos pensó en el qué dirán...


!y qué lástima!, entrar al Coatepec Mágico y toparse en el alto del tope con este par de tetas que te ofertan con la entrada al auto-hotel, francamente no es el tipo de magia que me atrae. ¿Será que soy vieja?, eso diría mi querido editor Toño, pero mano, discúlpame, no es por mojigata, no es por esteticista, es por pura lógica, hay imagenes que invaden, y ésta es una de ellas. ¿Dónde quedó el sueño de las casitas de teja, los árboles y los cafetos, ¿se los llevó la pasión de una hora? Ahora rentan cuartos y camas de motel por horas, carajo, ya ni el sueño de dormir con olor a tierra mojada y entrepiernado nos ha dejado esta prisa, esta locura, ahora para entrar en calentura, también se ocupa carro... quiero un beso de banqueta, de poste, de escondidas sin que la tía nos cache. Que se jodan los moteles, habría que hacernos el amor más despacio, llevarnos rato antes de vernos los paños menores, y antes de llegar a mayores, siquiera sabernos los pormenores.

jueves, 4 de junio de 2009

unos rojos, otros azules, pero al fin, hermanos.


País hecho de hermanos. Se acabó al gobernabilidad, ahora todos dicen que nadie los deja hacer, los rojos se quejan de los azules, y viceversa hasta llegar al verde como hermanos que pelean por el amor de sus padres, como vertientes nacidas de una misma madre patria, que no acaban ni de ponerse de acuerdo ni de partirse bien el hocico. Sin las pasadas consiguientes, no hay modo de lograr que estos hagan sus vidas de manera independiente sin dejar de cooperarse para el refresco. En casa, nunca viví esto de los hermanos peleando, si acaso lo hicieron, no me di por enterada, y sigo sin enterarme, mis hermanos se aman entre si, a pesar de ser agua, aceite y colonia de rosas, nada que ver el uno con el otro pero en el respeto y en el cariño todos nos abrazamos. Y sin embargo, no saben cuántos hermanos he visto pelear hasta casi sacarse los ojos, y ahí están para confirmar mi historia, no sólo Abel y Caín, los más famosos, si no todo lo que nos rodea que no son mas que rencillas de hermanitos envidiosos. Por otro lado, ahí están los que se hermanan, y para bien o para mal, hacen de su quehacer un gremio inapelable en donde cabe todo, hasta el hermano incómodo. Eso tiene la hermandad asumida, acepta en su seno hasta lo que no debe, y he ahí que pululan los puestos ocupados por neófitos, ingratos imbéciles que a destajo dan órdenes a costa de quien sea, pero eso sí, muy carnales del que manda de a devis. Habrá que dejar de lado el nepotismo y la sangre que hermana, y comenzar a hermanarnos con quienes sufren este boicot de país, esta miseria, esta transa, este horror, este desalojo de la esperanza, hermanarnos y organizarnos como lo hacemos para la fiesta sorpresa, para la parranda, para la compra semanal, hermanarnos para hacer que los dineros se repartan de una manera lógica y decente, para que no se contaminen nuestros ríos, para que el agua sea considerada ya un recurso universal, hermanarnos, y sin embargo, urgente derrotar el nepotismo y los puestos de favorcitos. El solaz de la víctima de sus padres, el hermano. Si este gobierno, o cualquier otro, nos lastima, hermanarnos. La panacea salvadora de la maldita genética, el hermano. El brindis silencioso y siempre presente, será por el hermano. Amigos hermanos, a falta de asistencia familiar, el hermano del corazón, esos hermanos de los que uno se apea por los caminos de la vida. Raíces de encuentro, mis hermanos. Carnal de mi carne, hijos de mi madre aunque renieguen de mi padre, hijos de mi padre aunque olviden a mi madre, carne de mi carne, tan carne como mis hijos y mis nietos, mi carne. Hoy, no estoy completa del todo, me hace falta una hermana, con la que a pesar de no pisar tierra, no puedo evitar entablar conversación con ella, y mientras aquí siga, con los pies en la tierra, nuestra plática seguirá siendo vieja y vigente, y hoy ella me dijo, hermánate.

miércoles, 27 de mayo de 2009

estrés, es de tres, es tres, cabeza, cuerpo y alma


… hablando de estrés, el mundo está al revés. Si todo fuera como yo lo veo como yo lo siento…
A veces, hay que ejercitar la tolerancia, mirar a los demás con la misma misericordia con la que uno mismo se mira ante el espejo, y ahí, alcanzar a vislumbrar que los demás también están en el intento de quererse como son, de asumirse sólo con lo que pueden aceptar de si mismos, hay quien insiste en que hay un mundo feliz, un mundo exitoso, relaciones exitosas y mejores horizontes, y eso, estresa a cualquiera. El mundo es una mierda, y uno generalmente, nace en el cuerpo equivocado, en la familia inapropiada, y hay lo que hay, y hay sobre todo, que relajarse, aflojar el cuerpo, entregarse al amor y a la decepción con la misma intensidad, porque de esto, de esto que es lo que nos toca, nadie se salva.
… si dios hubiera sido bueno conmigo, si me hubiese preguntado, negra, voluptuosa, musical, y desenfadada, así me hubiera hecho, en cambio, esta piel deslavada, este cuerpo ni de a de veras pequeño ni en grande a lo divino, esta cabeza analítica y este corazón de puertas abiertas (que no es nada más de lunes, si no de a diario y en verdad atiende a quien entra).
Para el estrés de la imposibilidad de conseguirlo todo, nada como la risa, como el humor.

domingo, 17 de mayo de 2009

A pesar de estar, no se puede decir



He entrevistado a algunos funcionarios públicos, detecto en ellos la gana de hacer su trabajo, pero al cuestionarles sobre lo que no se hace o no se plantea que se planea hacer, algunos establecen que sus ganas no lo son todo, que hay que cumplir con requisitos, que el presupuesto es una realidad que les hace elegir entre lo urgente y lo impostergable, y cuando así contestan, yo, lo que más quiero es creerles. Pero llego a mi casa, y se me ocurren tantas posibles soluciones, a mí, a mí que no soy más que una ciudadana preocupada, y entonces me convenzo, sin querer hacerlo, de que las ganas o no son tantas o no son tan santas como exponen los responsables de administrar nuestro dinero y nuestros requerimientos. Poco a poco, los funcionarios públicos dejan de ser meramente operativos y se convierten en políticos. Una vez transformados de células de producción a células de mantenimiento (mantén tu puesto a como dé lugar) van entendiendo que lo que está mal, si tienen una remota esperanza y una somera intención de arreglarlo, no lo pueden decir. No es que sea verdad, pero a pesar de que pueda ser mentira, no lo pueden decir. Todos somos cómplices del silencio que impera en este país, y los que hablan, los que dicen, en su mayoría tienen segunda intención, y al ser de este modo, dejan de decir las cosas como hay que decirlas, sin celo en la lengua. En este silencio, como sucede con la víctima que no alza su voz, lo inaguantable crece, se van irguiendo ante nosotros las inacabables listas de pendientes, urgencias, anomalías, vicisitudes urbanas y campesinas, fallas, faltas, ofensas, resquebrajamientos, un silencio cada vez más grande y más estridente porque en medio del silencio, ahí está lo que no se dice.
Pregunta: Señor funcionario, ¿por qué no hay señalización en las obras públicas de las calles de Coatepec?
Respuesta. Se equivoca señora, sí hay señales, los que se han caído, llámese autos y/o peatones, ha sido por pura distracción de las personas, nosotros, cumplimos.
… un poco más tarde, luego de caer un trabajador a tremendo hoyo en la calle 5 de mayo, la confesión fue, sólo nos dan cintas para señalizar.
El silencio gira alrededor de las incongruencias generadas a partir de la manera en la que cuestionamos a los funcionarios, porque seguro sólo les dan para una cinta plástica endeble y de baja visibilidad pero no les recortan desayunos, viáticos para hacer viajes a comisiones o poco importantes o inexistentes. Silencio, y termínese sus tamalitos, yo pago la cuenta a costa del erario.

los niños del futuro...


gracias a los maestros actuales, estos niños no sabrán que no es lo mismo establecer la pregunta ¿quién te quita? que pegarle a quien te quita...

Arriba la ortografía.


El colmo del panadero, tener una hija Concha y sentir que no debe comérsela. El colmo de la mala ortografía, que el que la imparte, que el que la custodia, no sepa la diferencia entre un acento grave y acento agudo. Parece chiste pero no lo es. En el 2008 se llevó a cabo una muestra escolar en bajos del Palacio de Coatepec donde expusieron, primero, su faltas de ortografía en la pancarta que les anunciaba, y segundo, trabajos de chicos de primaria sin las correcciones pertinentes. Es una lástima pero en mi cambio de computadora perdí la foto de una anotación de un maestro a un trabajo de un alumno, donde en rojo le anotó: “felisidades, buen trabajo!!!!”, dándole por calificación un diez a un trabajo plagado de faltas de ortografía del alumno, queriendo anular quizás, las propias del maestro.

domingo, 12 de abril de 2009

conciencia del ruido


Un doce de abril decidieron que era un buen día para dedicarlo a la conciencia sobre el ruido.




Hay tanto ruido entre nosotros


tanto, que hasta tu nombre se ha borrado de mi memoria


Te llamas fantasía.


El verano y la primavera suenan igual si estás entre dos banquetas, para poder percibir el canto de los pájaros habría que callar a las botargas que se balancean afuera de los negocios para decirnos que somos un manojo de idiotas, nos venden como si no tuviéramos neuronas. También habría que silenciar a las motocicletas, sobre todo, a aquellas que retumban los vidrios de las casas con su claxon para vendernos, otra vez, como buenos idiotas que nos creen, tortillas. Simplemente, somos tan conformistas que nuestros vendedores no se las ingenian para ofertarnos sus productos de una manera más inteligente y acorde con la armonía de las estaciones, el cielo y el temperamento de sus ciudadanos, no, no hay necesidad, somos un atado de imbéciles. Nos rompen los tímpanos y aún así, pasamos en miedo del escándalo a comprarle jamón, y salimos corre y corre por las tortillas, somos una bola de comodinos que, indispuestos a hacerla de tos, nos abalanzamos sobre producto que nos oferten de la manera que lo hagan, y si aquello nos gusta, o nos es imprescindible como las benditas tortillas, nos la podrían vender incluso en una forma poco higiénica y de todas formas, las compraríamos. Entre tanto ruido, estamos silenciados, nuestra voz se ha perdido en medio de celulares que suenan, música chunchaquera inmunda de fondo, claxones, motores a todo meter, silbatos de oficiales de tránsito, y lo que se apersone. El emisor se ha quedado sin qué decir, y al receptor o le vale o no comprende que no hay mensaje, no deja de oír ruido, ruido de abogados, ruido de sartenes, ruido de sillas que se arrastran, ruido de teléfonos que truenan de mil maneras, ruido de máquinas que le dicen por el auricular, presiones tal o cual tecla, adiós a las señoritas a las que uno podía contarle sus penas, levantar sus quejas o explicarle los detalles, ahora es más fácil hacerse amigo de un taxista, acostumbrado a escuchar, y también a contar, entre tanto ruido que hace y deja hacer a su alrededor. ¿Y tu voz?, ¿dónde ha quedado entre tanto ruido?, la he ido a buscar a la Avenida Orizaba, donde entre tanta hayas, hay algunos bambúes que retumban contra el aire, y me traen tu voz, la mía, y la de todos los que nos sentimos extraviados entre tanto ruido. Entre tanto ruido, hay que mirar el cielo para cerrar los oídos, y al volver a abrirlos entonces darle cabida a los sonidos, sonidos de cuerdas de guitarra, de cuerdas vocales, de risas de niños, de la voz amada, del tacón que se acerca, del pájaro carpintero necio, y testarudo contra el árbol del vecino, sonidos, mermados por el ruido, apaciguados por nuestra falta de voz. De una voz que diga algo así: caballero, no pite el claxon o no le compraré jamás tortillas, y haré que nadie más le compre.

lunes, 20 de octubre de 2008

Avatares del patín del diablo


¿En que andas?, -a patín.

Hace mucho que logré tener un carro y no por méritos propios, creo que el primer auto que pude pagar con mi salario fue el que adquirí a los 17 años, de ahí pal real, todo fue cosa del que fuera mi marido, que tenía una mala puntería para los autos, de concurso. Un día, decidió deshacerse de un flamante ford para realizarlo por una doble tracción, gringa, que era como traer la maldición puesta, nos paraban los judiciales de a tiro por viaje, hasta afuera del cine, que para ver si era cierto que los papeles estaban en orden; en esa misma camionetota, chocamos con los polis panuquenses quesque iban en friega por un asalto y ¡mole!, dimos de hartos trompos y cuando al fin paró el mal pase a él lo esposaron como dos minutos en lo que mi voz retumbó por toda la ciudad y lo soltaron, yo estaba embarazada y llevaba a otros dos hijos en las piernas. De ahí le siguió un wocho de ocho colores, y una camioneta ford que por malos arreglos de su mecánico se quemó todita, y esa es otra historia; le siguió un mustang 66 de colección al que para subirle los vidrios había que pegar un cable con el otro y chiubbbbbbbb, iba para arriba, los volvías a pegar y chiubbbb, iba para abajo, "tengo un vidrio que me sube y me baja, ay, me sube y me baja". ¿En qué iba?, en eso, en lo de no tener autos por mérito propio, la historia es demasiado larga, de hecho podría dar para una novela, la novela de mis autos, y en medio, cabría de todo, maridos, pérdidas, ganancias, incendios, amantes, amigos, más vida, comidas, borracheras, hijos... aquí el punto es que gracias a este marido que un día fue mío, aprendí a convivir con autos en muy mal estado, y antes de él, me eduqué con la obsesión de Alejandro Aura por tener Mercedes Benz del año del caldo, por favor, soy una experta en descomposiciones y reliquias vehiculares.

Luego de aquél marido me fui a hacer mi vida a solas con mis tres robustos hijos, y el karma carretonero de mi ex, me perseguía con un auto al que le faltaba todo menos la personalidad, era inconfundible, original hasta la ignominia. El caso es que un día, así como un martes cualquiera, sin preámbulo, una hermana se apiadó de mí y me dio un wocho en buen estado, que vino a suplir a aquél con el que me volteé en la carretera Briones no sin antes, sacar la pierna del auto y tratar de detenerlo, logré detener el tráfico, nunca supe si por lo ilógico de la escena o por la buena pierna, en fin, al wocho nuevo le di con mambo hasta convertirlo en chatarra como todos mis autos, el karma exmarido cobró su vigencia por nunca pagar tenencias ni servicios a tiempo. Otro día, así como un miércoles de cualquier semana, otro hermano apiadose de mí y jubiló al wocho con el negrito sandía, un chevy... y yo que digo que no sé nada de autos, sé un montón, sé cuál es una pic up, un wocho, un chevy y un mustang, hasta ahí.

Bueno, todo esto comenzó porque quería contar que hace mucho que no tengo que ser transeúnte mas que por decisión, esto es, ahí está el auto, ya también con el sello del karma exmarido, pero no lo agarro así nomás para ir a donde sea, lo reservo para lo lejos (ya no tengo más hermanos con regalos posibles, ni días cualquiera, ni hay modo de jubilar al negro sandía), suelo tomar mi patín, agilizar las piernas y darle duro a las aceras, es una maravilla caminar, mucho mejor que el auto, ahí va uno encerrado y las aventuras que se viven trepada sobre zapatos de hule son muy amargas, porque no sé qué pasa pero al frente del volante uno piensa que el mundo está muy mal y que ése hoyo es un horror y que ése otro parece alberca y que el tope tal no está pintado, y la señal es una barbaridad, el vecino es un idiota, va lento sin razón, el de atrás es más idiota, echa las luces, el de allá toca, es naco, naco, toca el claxón, y la carretera es una vergüenza, y así se la va uno llevando, de queja en queja, en cambio el mundo del de a pie, es lento y da tiempo para mirar las cosas desde otra perspectiva y no es que las banquetas estén re lindas, nada de eso, urge su remozada, es sólo que se ven más y mejor las cosas, desde otro punto se toma a la ciudad, aunque para mí los encuentros con los perros, son como para el conductor sin licencia los polis, pero igual todo ello, lo hace un mejor paseo. A pie hay árboles y sombras en el adoquín y en el pecho; hay flores y macetas, caras, ojos, cuerpos, colores, parece que en lugar de idiota uno e idiota dos, hay nombres con vidas y apellidos, mejor paseo.

Qué diferentes son las cosas cuando uno se ve forzado a subirse en un urbano, como les dicen aquí a los transportes públicos. Y nada, que ni públicos son, son de unos cuantos, unos que se dicen que son rete chingones porque son cooperativa pero ojalá fueran de un patrón o de dos o tres que tuvieran vergüenza o mente empresaria, o algo de inteligencia que hicieran que los 'cosos' esos que se denominan urbanos tuvieran algo de urbanidad.

Para subir, se requiere un milagro, pues el escalón, si lo hay, o está oxidado y hay que pasar al que sigue que está muy alto o está guango, sí, blandengue como gelatina barata, y más vale entonces, seguir la instrucción pasada, pasar al que sigue.

Una vez arriba del armatoste denominado urbano, cuidado con baches topes y demás obstáculos, el mentado grandulón cae con todo, sin amortiguadores, y hasta yo, que no sé gran cosa de mecánica, sé para qué son los resortes estos, para detener el impacto, y cuidar la salud de quienes ahí viajan. Los urbanos de Coatepé son sólo para atletas.

Es increíble cómo todos se quejan de los baches, los hoyos, los topes, el tráfico, pero casi nadie dice cosa alguna sobre el transporte público que al fin y al cabo, vale madre quien lo posea, lo que importa es que transporta al público en general, que de seguro, son más los que no tienen carro, los que se ven asediados por ambulantes en las paradas y las subidas, merolicos (muchos de ellos sin vocación), drogadictos, y sobre todo, lidian con el mal humor del conductor que tiene toda la razón de estar furibundo ante el volante de un vejestorio obstinado en caber en calles minúsculas, sin suficiente carga, echando humo, con un ruido infernal y cero mantenimiento.

Me asombra cómo es que resistimos lo que padecemos, tendríamos que quedarnos todos, todos, al pie del camión, negarnos a su mal servicio, pensando que si éste fuera bueno, seríamos muchos los que elegiríamos el transporte público en lugar de treparnos a un carro maltrecho que se enfrenta a un tráfico inmundo que cada vez estará peor, precisamente, por el escaso y pésimo transporte público.

sábado, 11 de octubre de 2008

Quiero un techo propio


En algún momento de mi vida entendí que no podría dar a mis hijos, lo que mi padre me dio, en ninguno de los sentidos, y asumí aquello con naturalidad, vaya, no ocupé ni un poco de valentía, me quedaba claro que mis brazos eran anchos y mi bolsillo enjuto, punto. Eso de no darles una educación académica de alto costo también preví que se debía no tanto a una circunstancia personal, mía, si no a una condición social muy general, antes la gente que trabajaba duro tenía acceso a muchos triunfos, económicos obvio.


Todo ha cambiado, y hay muchas más cosas que no me agradan del mundo y que sin embargo, voy heredando a mis hijos en cada paso; cuando eran chicos y yo era soñadora y ausente de todo lo que a mi alrededor sucedía, el mundo era perfecto, me bastaba con darme toda, y siempre, jugar o simplemente deveras querer estar con ellos, me fue suficiente para sentirme satisfecha. Ahora que veo a las mamás jóvenes tan comprometidas con su trabajo, y con el mundo, no sé si las admiro o las compadezco, sólo sé que para mí esos momentos de madre de tiempo completo

me han dado la fuerza para todos los abandonos posteriores, estuve ahí cuando nos necesitamos el uno al otro y ahora practico sin lograrlo del todo, hacerme un ladito para que ellos busquen e indaguen su mundo.


El día que comencé a comprar el agua en garrafón, debí haber sospechado. Supongo que cada generación carga con sus propios miedos, yo temía a la bomba atómica y al herpes pero ninguna de esas dos cosas me hizo no construir sueños al por mayor o usar condón. Yo veo que hoy hay mucho más miedo en las calles del que los jóvenes y niños son partícipes y me apena aunque espero de ello mejores resultados de los que ausentes como yo entregamos a la generación venidera.


Mi abuela, antes de morir vendió y regaló todo, y pensé románticamente, que así sería mi vida, pero la verdad, tengo un sueño pertinaz, quiero una casa, un terruño en el cual envejecer, unos palos ya no para heredar, nomás para no pagar renta.

martes, 7 de octubre de 2008

Nada como una buena ensalada


... en el plato de la vida, hay que colocar para la ingesta de la cotidianidad todo aquello que nos apetezca mirar, oler, degustar, luego hay que colocar el plato frente a las personas que más amamos o mejor nos caen y compartir.

Último bocado

Ahora que estoy despidiéndome prácticamente de mi labor en el Crónica de Xalapa, lo que hago ha adquirido un valor de último bocado.
Cuando en el plato hay pasta, ensalada y un buen trozo de rollo de espinaca, la plática transcurre más o menos tranquila, se mastica con calma y con deleite aunque la mera verdad, pensando un poco también en el postre, en lo que vendrá luego de tan rica comida, un trago de tinto y todo va bien, pero al acercarse el final, ese último bocado que nos reservamos para quedarnos con el sabor en la boca de aquello que más nos gustó, entonces, cuidado y me lo quites del plato, cuidado me apresures, cuidado y mucho cuidado, atente algo o alguien contra el tesoro nacional que este bocado es por los segundos que perdure en plato y boca.
En el recuento de lo que andar vagando por las calles de Coatepec me ha heredado, el saldo, nuevos ojos, ojos de reportera, ojos de andar buscando lo que a la gente le pueda interesar acaso leer en una nota; ojos nuevos para mirar a mi ciudad no como un trozo de asfalto, no como calles abotonadas por casas de desconocidos si no como una morada, una ciudad viva, que late, que vibra, que sufre, que se regocija y que necesita de ti, de mí y de todos para hacerse y rehacerse ante nuestra mirada.
Ojos nuevos