domingo 4 de julio de 2010

Entrarle o no entrarle

En la era de la modernidad a toda prisa, le entramos a todo con un por qué no en la boca, y así los jóvenes, sin sospechar las consecuencias (ni hacerse cargo de éstas), le entran al banco de pruebas de novios, besan hartas bocas, se enlazan con todo par de piernas que se preste al juego y a veces, también prueban pasar los umbrales de infiernos aún más terroríficos cuando se encienden un churro o se meten un éxtasis sublingual. Pero cuando se enfrentan a la propuesta de exploración en la que de alguna manera hay que comprometerse, el giro se torna hacia otro terreno en el que quiero hoy reparar. El voto. Derecho y obligación. El voto, personal, anónimo, confidencial. ¿Entrarle o no entrarle?, he ahí el detalle. Todos nos quejamos de lo que nos acontece como individuos, como sociedad, nuestra queja la levantamos generalmente de la puerta de casa para adentro, mareamos a nuestra parentela y amigos con la retahíla de lamentaciones, pocos salen a las calles o se dirigen a las instituciones correspondientes a levantar su queja de manera formal o pública, somos como los borrachos de buró, únicos testigos de nuestro lamento: nuestro corazón partido y enojado, la esposa, los hijos y los cuates. El voto es una oportunidad de alzar la voz, un chance de decidir, un lamento que canta un nombre que debe representar la esperanza si no nuestra, sí de muchos. La obligación que también es un derecho es una entrada confusa pero ancha, una entrada para todos, en la que uno por uno, hay pa’ todos. Si hacemos una fiesta, y con ella una lista de invitados, un presupuesto que signifique que nadie se quede sin beber y comer, es lamentable que no llegue la mitad, y viceversa, que se nos llene de gorrones que nos desequilibren el plan trazado para divertimento de todos. El árbitro de esta contienda electoral cree que llegarán el 60% de los invitados a participar, y yo creo que habría que desafiarles con una actitud insospechada, que los forzara a tener mucho más prevención (en todo), habría que darles una sorpresita y aludir a la rola de Chava Flores y a ese fenómeno tan mexicano llamado “llegaron los gorrones”, no porque se presenten aquellos que no están en la lista, si no por el gusto de sorprender con la anulación del abstencionismo, que nuestra voz, nuestro deseo, sea cual fuere esté debidamente registrado. El voto es la herramienta que tenemos para dar a conocer nuestro contento o descontento, no hay que dejarse engañar por el virus de la anulación que no es otra cosa muy distinta que negarse a una prestación ganada a pulso y con muchos años de trabajo de héroes nacionales y anónimos. No tenemos derecho a no valorar el trabajo que muchos han hecho para que los mexicanos podamos opinar sobre nuestras autoridades. Y que gane el que gane, hay que aceptar las derrotas, demostrar la clase… y si estás del lado perdedor, no separes de tus fuerzas, únete con los como tú, para cada vez hacerlo mejor. mujeradentro@yahoo.com.mx