Inevitable pensar en lo que la abuela decía de las cremas, aseguraba que había algunas que obscurecían el rostro, y vaya usted a saber si lo que decía era verdad o mentira, pero lo que es un hecho es que ahora venden cualquier cantidad de cremas para aclarar el rostro, cosa a la que no le veo ningún sentido, la tez bronceada o morena siempre han sido fuente de mi más pura envidia; en lo que le concedo toda la razón a la abuela es en la importancia del rostro. No importan que tan guapo se sea, pasando los cuarenta, cada quien es responsable de su cara de cabo a rabo. Y de nuevo mis abuelas son un ejemplo aunque confuso ya que una estaba marcada por la angustia y el dolor en cada una de sus hermosas arrugas, y ciertamente, su vida no fue sencilla ni ligera; la otra abuela tenía tatuada una sonrisa, pero su vida fue más sencilla al parecer… era madre de mi padre, no me atrevería a asegurar que todo fue llano. Lo curioso es que los hijos de mi abuela Angustias, son y fueron (+) un cuarteto de cascabeles. Y mi abuela tatuada, campechano le salió el coctel. Moraleja: ¿sufre para que los hijos gocen? Sabrá Dios, y si lo dice, no lo entendemos. Los surcos de la segadora, no son sólo marcas, el paso de la marca, deja terreno fértil para sembrar alegrías. Y debajo de la mata siempre hay una raíz que fuerte fue semilla endeble quizá con sed, quizá hambrienta, se enredó como la vainilla sobre un tronco más fuerte y estable, y todo, todo se va grabando en el rostro como una biografía. El rostro joven se avejenta y pareciera que le suplicara de rodillas al tiempo que le soltara las riendas del colágeno para poder ser quien se es. Los políticos antes de mandar a hacer sus rostros en tamaños descomunales sobre mantas debieran de tener muy presente este asunto del rostro, exponer las marcas… el photoshop hace milagros, eso ya lo sabemos pero uno es quién es y la sobreexposición expone precisamente la falta de pudor… o de vergüenza. La frase célebre de padres y abuelas de salir a dar la cara, se ocupaba no para ir de novio si no para enfrentar las responsabilidades de alguna fechoría. Verle la cara al ser amado es un regalo y aún así, hay días que uno se harta de esa boquita que tanto nos gusta mirar, y besar, ahora salir y toparse con una miríada de aspirantes a gobernantes dan ganas más bien, como quien rompe rasga, desparecer las lonas y acabar de una vez por todas, con la contaminación visual, sin hacer alusión racista o esteticista en un que se mueran los feos, nomás en un tan, tan a los desvergonzados.
Y cuidado que con el buen-rostro nos re venga la desvalijada...

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada