viernes 16 de abril de 2010

la contienda actual

... se ha olvidado que esto es de colores... como todos vienen del mismo gen colorado, pierden de vista las mil y un formas que podría haber para darse a conocer, para ganar nuestro respeto, en fin, el artículo que comparto a continuación, y que sale publicado en Crónica de Xalapa y Novedades de Tabasco, lo dedico a la variedad.



Color. No hay quien nos asegure que aquella percepción que con el ojo recibimos a través del luminoso rayo de luz que pasa por el mar, sea del azul que creemos ver, pero si tú nombras lo que ves bajo la misma denominación que yo, de perdido la libreta será beige según tú y según yo. Ponerse de acuerdo siempre da regalías. Día a día, cohabitamos con los colores y a veces, los colores tan nos habitan, como nos delimitan. Nuestro color de tez simplemente… no tardamos en notar, que éste nos marca un destino, la rayita del registro, será teñida de algún color, ya ven que luego la vida se pone color de hormiga. El cotidiano se nos tiñe de colores, y esa variedad le da al ojo un recreo permanente, un regocijo que obtiene con tan sólo elevar el párpado, si por otros lares son rubios, nomás cruzando el charco el panorama se matiza en café con leche, en cambio donde el acento se torna ámbar los pelirrojos abundan y donde la tierra no se está quieta los rostros tienden al amarillo de tanto susto. Y luego les da por salir de su tierra, combinarse, y en la búsqueda del preciso ‘match’ en la infinita gama de colores, se rompen esquemas como se imponen modas. A algunos, como a quien suscribe, la infancia nos pintó con un viso sobriamente trágico, este delineamiento de la historia personal, retoma matices que de adjetivarse, tanto en lo vivido como en lo transitado, se dibujarían con una mochila gris ciudad de México, salpicado de un toque naranja Tampico, acentuado con un poco de azul verde Pánuco, dándole el toque final con un intenso verde Coatepec que resalta gracias al blanco neblina de Xalapa. Los colores complementarios con los que uno puede ir digiriendo la vida, son a veces los que nos llevan a descubrir el verdadero color de la verdad, y de muestra un botón tricolor, colores que han de preparar nuestra psique de tal forma, que a simple vista esperamos animarnos a no querer arrojar basura en las calles, cuidar el agua y la tierra que pisamos, una tríada que nos lleva a ligarnos con el resto de los millones de mexicanos que somos. Y ahí en un poco a poco, en la búsqueda del arcoíris, entre una miríada de colores, afloran la coloración personal y el colorido colectivo. A punto de cruz de todos colores y tonos, la familia, la cuadra, la labor diaria, el contenido emotivo, el quehacer colectivo van bordando una imagen donde nada es verdad ni mentira, todo es del color del cristal con que se mira. Sin miedo a mirar, aunque al de enfrente se le suba el color a la cara, mirarnos es una costumbre que lejos de perderla por ahí, debemos recuperarla, mirarnos los unos a los otros, y así darnos cuenta de cómo vamos mudando de color en color, mejor hacerlo para no perder el tono, mejor ponerse de mil colores, tomar color, ser color, o de colores, que con una gota de violeta, la vida se nos pone color de rosa… y si te crees que lo malo es negro y lo bueno blanco o viceversa, mujeradentro@yahoo.com.mx , una cebra, y si te quieres hacer maje e ir a indagar de qué color pinta el morado, verde, que te quiero verde.