jueves, 24 de septiembre de 2009

Carlos Díaz Caíto...

Mujer Adentro hoy, está de luto porque noviembre, el frío, y esta vida maraca nos tenía que arrancar una rama de nuestro zarzal… y la mañana sigue con sus expectativas de sol con aire helado; en el tráfico, la gente camina como ayer, y los niños ríen en el jardín ajenos de lo que uno piense o deje de pensar, lejanos y ausentes de la tristeza que se mina por las enaguas, mis piernas tiemblan en la franca verdad del hoy, y en las trémulas bases de mi mañana. La muerte vive allá afuera, se pasea de noche eligiendo a su siguiente víctima, y uno calienta los tamales y hace chocolate con molinillo mientras por nuestra mente lo único que se atraviesa es la fortuna de nuestra casa tan resguardada del inclemente clima, rodeados de nuestros hijos; mientras nosotros, tibios en los brazos de la pareja, a sonrisas cenamos con el olor del cempasúchil y la veladora encendida…“hay que recordar a nuestros muertos” nos decimos, y comienza la alegoría del árbol genealógico donde transcurren discursos diversos de anécdotas relajadas, didácticas y terminamos con las trágicas… ya para el postre de tamal de dulce y galleta de canela con azúcar, nos vamos a dormir y seguimos con nuestras sábanas en la delicia de la compañía y hasta ahí nos da la empatía, y pensamos en los que hoy se han de comenzar a dormir solos, sin brazos, sin transpiración, sin respiraciones y ronquidos, sin solaz para las pesadillas, sin masajes para los calambres, pero hoy, el luto me asusta, la parca eligió de cerca y en coincidencia, se llevó al buen amigo Carlos Díaz “Caíto”, hombre admirable, buen cantante, amante de su mujer y de su familia, un hombre joven a mi parecer, (de mediana edad para el resto del mundo) de un cáncer fuera de mi entendimiento, ¿con qué permiso al cuerpo que se ríe y canta le da una enfermedad así? Algunas veces me tocó estar de cerca con él y su mujer Jackeline arreglando los menesteres para su concierto, y no puedo sacarme del corazón esa sonrisa y el humor con que todo lo que estaba mal se solucionaba, su sincero agradecimiento por lo que se lograba lindo y sus ganas de cantar, su sentimiento. Mujer Adentro, siempre pensando en ella misma, deduce, y coincide, con que su pareja es, cantautor, de edad muy aproximada al de nuestro desaparecido Caíto, masajista inigualable, compañero térmico (cálido en el frío y despatarrado en época de calor), brazos tan largos como sus noches, y entonces, me incendia el miedo, ¡tanto trabajo para encontrarlo!, ¿todo para que se vaya con la calaca?, le ruego al cielo que no le gusten las flacas, y me bebo su sangre y su risa a cada instante, con mayor ferocidad que ayer, y me niego a perdonar la décima del segundo que no se viva con toda la boca que se tiene para hablar, con todo el cuerpo que se tenga para dar, con todo el amor que se sienta y se revienta… y pué que me vaya la vida en ello, o canse a mi pareja antes de que se muera, pero me es inevitable. Adiós Caíto, allá nos vemos, mi Miguel te dedicó una canción, tu amigo Juan, un montón de lágrimas, la Rocío, ya te contaré (porque sólo nosotros lo entendemos), tus amigos te harán festivales y Dehesa sacó muchas notas, todas dedicadas a tu persona, y menos cursis que ésta, luego te cuento la de cosas elogiadoras que se dicen de ti. Yo, en mujer adentro te hago un homenaje mientras te agradezco el trágico recordatorio, esto, de estar tan vivos, que mañana mismo bien podríamos no estarlo más.

martes, 1 de septiembre de 2009

El machín en ciernes.

Qué difícil la tenemos las mujeres en esta época de equidad, igualdad y demás argucias políticas que llevan a la necesidad imperante de hacer un cambio en esta sociedad para tener, por lo menos, hombres liberados. Las feministas han hecho de las suyas, y cuando uno escucha los horrores que la prensa difunde a diestra y siniestra, uno les agradece, pero en el fondo, siendo mujer, nos cuestionamos ¿cómo le hago?, ¿hasta dónde le entro, y en dónde me bajo del tren? Criar a un varón, nunca ha sido tarea fácil, hacer que un endeble muchacho, sensible, miedoso, y chillón se nos haga un hombre de bien, es ocupación para titanes, se la pasa uno viendo cómo hacerle para que no se nos pase la cucharada pero que no falte medicina. Y ya no es tanto, ahora llorar, en teoría por lo menos, ya no es menester sólo de mujeres, y hoy día, los hombres sensibles tienen cabida en más de un ámbito, ya no es de maricones aquello de ser filósofo o bailarín, y aún el hombre que no gusta de las mujeres tiene esperanza de no perder familia y prestigio, la apertura ha permitido mayores horizontes. Aquello en su parte positiva, pero el otro polo de esta pila de equidad, ha dejado a los varones sin un lugar claro en la sociedad. Se nos impone, gracias a los estereotipos y la lucha de derechos, una serie de características, con las que a veces no podemos. ¿Ahora quien es el ponedor?, ¿quién lava trastes?, ¿quién cuida de los niños?, la respuesta sencilla sería, hacer una equilibrada repartición de tareas y sacar juntos el burro de la barranca, el detalle está en que para llegar a eso, habría que educar a niños y niñas, de manera muy distinta, y ni cómo cambiar y desanquilosar la forma en la que fuimos educados. Hay quien hace su lista de 'esto no', y la cumple a pesar de estarlo haciendo más mal que como le educaron, pero la gran mayoría tenemos un discurso incongruente con nuestras acciones. Por más que queramos educar parejo a hijos e hijas, nos damos cuenta, que son tan distintos, que sus necesidades, riesgos, y jalones de oreja, deben estar fundamentados en diferencias. Luchar por derechos desemejantes entre hombres y mujeres, tal vez partir de la contundencia de la diferencia de género podría acaso darnos mejores resultados. Ahí están las madres modernas, criando un montón de machines en ciernes, listos para salir y enfrentarse con chicas que no están dispuestas a soportar, ni un rasguño sentimental, ¿a dónde vamos a llegar? opino esta vez, que más vale recuperar lo perdido, el hombre cabal, y la mujer sensata que acabar con más niños en la calles desolados y sin quien se haga cargo de ellos. Cambio y fuera.